28/4/14

Tradiciones


Cuando volví de Nepal, después de una temporada viviendo fuera de España, me propuse a mí misma disfrutar de mi alrededor con ojos nuevos, con la mirada renovada. Había visto parajes incomparables, algunos paradisíacos. Había disfrutado de las tradiciones más antiguas y había aprendido de ellas. 

En la rutina de mi vida madrileña, en cambio, me había perdido muchas cosas emocionantes por no saber verlas. Incluso mi pueblo y alrededores están plagados de lugares increíbles y de tradiciones centenarias que no había sabido apreciar.


Ahora, de vuelta en España, tuve la suerte de pasar la Semana Santa en Valladolid. Se me presentó la oportunidad de observar una de las tradiciones más arraigadas de España en primera persona y no tenía intención de perdérmelo. Allí me planté, con una actitud diferente y la mente abierta para absorber hasta la última gota de conocimiento que cayera en ella.

Reconozco que ha sido una Semana Santa diferente, más reflexiva que las anteriores que viví en mi pueblo natal. Me he parado a pensar en lo que siente cada una de las personas pertenecientes a cofradías, a bandas, incluso me he intentado poner en la piel de aquellos que hacen promesas durísimas y las llevan a cabo en esos días.

Supongo que la suma de todo ha dado un número positivo. Aunque no participe activamente en este tipo de festejos, me gusta observarlo como forma de arte y como la voz de una cultura antiquísima. Aunque para nosotros sea una cosa ordinaria que vemos cada año, cientos de personas viajan desde sus países de origen para dejarse sorprender por nuestras tradiciones. Yo ya he empezado a verlo como algo extraordinario y, cual turista, me dejo seducir por cada pequeña cosa que tenga que ofrecerme la cultura a la que pertenezco.










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