2/7/13

Namaste from Kathmandu

Katmandú vista desde Swayambhunath

Por fin me siento delante del ordenador y vuelvo a escribir mis aventuras con el monzón a punto de hacer acto de presencia. Ha pasado casi una semana desde que aterricé en esta ciudad y todavía no he organizado mis pensamientos y opiniones con respecto a esta forma de vida y esta cultura.

Debería comenzar diciendo que todo, absolutamente todo, me ha resultado nuevo y sorprendente. Es la primera vez que estoy en un país como este, teniendo en cuenta que es uno de los más pobres de Asia y del mundo. Cosas que en Occidente tenemos como básicos, aquí pasan a ser un lujo y hay que aprender a vivir con ello. Las lecciones de humildad están detrás de cada esquina y en cada callejón se aprende una cosa nueva.

Me ha costado una barbaridad seleccionar las fotos para esta entrada porque el paisaje que rodea Katmandú es maravilloso y ayuda a que parezca una fotógrafa con algo de idea. Pero no os engañéis, es la magia de este sitio que hace que las cosas funcionen totalmente contra natura. 

Por ejemplo, el caos del tráfico es increíble. No hay ni un stop ni un ceda el paso, aquí la gente se guía por el instinto y por los sonoros cláxones a modo de advertencia. Además, en una calle de tres metros de ancho caben peatones, vacas, bicicletas, hombres cargando frigoríficos con la cabeza, motos y todo lo que se nos pueda ocurrir.

Los cables sobre vuelan nuestras cabezas enganchados con nudos y las vigas de las calles están colocadas como quien coloca una sombrilla en la playa. Como he dicho antes, en este país se desafían las leyes de la física de una forma alucinante.

A pesar de estas cosas, en Katmandú se puede disfrutar y mucho si se viene con los ojos y la mente abierta. Por un precio irrisorio puedes pegarte el festín de tu vida con una buena comida en un restaurante local en el que estás viendo cómo se cocinan tus platos y puedes encontrarte una estupa escondida en alguna plaza rodeada de comercios en pleno centro de la ciudad.

Las sorpresas son el nuevo ingrediente de mi vida y por eso ando siempre con una cámara u otra para captar los momentos que las hacen posibles. A veces, no hay electricidad, pero lo que sí hay es vida, una vida fluyendo a borbotones por las calles y las plazas, por los comercios, los bares y los templos. La gente disfruta haciendo su día a día en la calle, los niños juegan al fútbol en cualquier rincón y los perros callejeros se tumban al sol.

No sé si es por tener el cielo a tiro de piedra o por el budismo y el hinduísmo que lo hacen todo más místico y espiritual pero hay paz en mitad del caos y equilibrio en mitad del bullicio. Pronto escribiré algo más organizado, cuando se estabilicen mis chacras. Mientras tanto, a disfrutar.


Escalera hacia Swayambhunath
Templos y tiendas
Swayambhunath

 P.D. Namaste es la palabra que se utiliza para saludarse y para despedirse. Se puede interpretar de varias formas pero mi favorita es: "Mi parte divina saluda a tu parte divina", ¿no es genial?


2 comentarios:

  1. (Sí, es genial. Eso de Namaste me recuerda a lo que dice Chaouen en una canción "hay un paraíso en cada piel y un dios en cada hombre")

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    1. También significa: "Mi alma se inclina ante tu alma" o "Que lo bueno en mí vea lo bueno en todos los demás". Como ves, todo positivo y lleno de amor.

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